5 formas de demostrar el valor de tus programas universitarios
- Fecha de publicación: 19 de octubre de 2026
Descubre cómo demostrar el valor de la educación superior con evidencias de aprendizaje, competencias, progreso estudiantil y resultados profesionales.
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5 cosas que puede hacer tu institución para demostrar el valor de sus programas académicos
Definir resultados de aprendizaje que puedan observarse y medirse
Dar seguimiento al progreso del estudiante durante toda su trayectoria
Crear oportunidades para aplicar lo aprendido
Desarrollar y hacer visibles las competencias que adquieren los estudiantes
Para demostrar el valor de sus programas académicos, las universidades necesitan:
- Identificar qué resultados espera generar
- Medirlos a lo largo de toda la trayectoria estudiantil
- Reunir y comunicar evidencias que conecten el aprendizaje con el desarrollo de competencias y las oportunidades profesionales.
Esto implica mirar más allá de indicadores como la matrícula o la permanencia para responder preguntas más profundas como qué aprendieron los estudiantes realmente y qué pueden hacer con ese conocimiento en contextos laborales y sociales cambiantes.
Además de su contribución al desarrollo personal, el valor de la educación superior continúa asociándose principalmente con mejores perspectivas laborales y económicas. Sin embargo, ampliar el acceso a la universidad no garantiza por sí mismo que los estudiantes completen sus estudios o logren una integración satisfactoria en mercados laborales cambiantes. La UNESCO señala que, mientras la tasa mundial de matrícula en educación superior aumentó del 19% en 2000 al 43% en 2023, la tasa bruta de graduación pasó solo del 17% al 26% durante el mismo periodo (1). Al mismo tiempo, fenómenos como la desalineación de habilidades, la sobrecualificación y el subempleo muestran que conseguir un empleo no necesariamente significa estar aprovechando el valor de la formación recibida.
Por eso, demostrar el valor de una carrera universitaria requiere observar qué sucede desde que el estudiante comienza su formación hasta que está preparado para trasladar lo aprendido a su vida profesional. La buena noticia es que muchas de esas evidencias pueden generarse durante la propia experiencia universitaria. Veamos cinco acciones que pueden ayudar a tu institución a hacerlo.
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5 cosas que puede hacer tu institución para demostrar el valor de sus programas académicos
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Para comunicar de forma más completa y eficiente el valor de tus programas universitarios, tu institución puede comenzar por cinco acciones que permiten observar qué aprenden los estudiantes, cómo avanzan y de qué manera esa formación se traduce en capacidades y oportunidades.
1. Definir resultados de aprendizaje que puedan observarse y medirse
Para demostrar el valor de una carrera, primero hay que tener claridad sobre qué debería saber y ser capaz de hacer un estudiante como resultado de su formación. Esto requiere traducir los objetivos del programa en resultados de aprendizaje concretos que permitan evaluar no solo la adquisición de conocimientos, sino también su comprensión y aplicación.
El valor de la formación también se refleja en el desarrollo de competencias disciplinares y transversales que permitan resolver problemas, trabajar con otros, tomar decisiones y adaptarse a situaciones nuevas. La UNESCO señala que las instituciones de educación superior desempeñan un papel clave en el desarrollo tanto de conocimientos como de competencias necesarias para desenvolverse en un mercado laboral cambiante (1).
Por ejemplo, en una carrera de Administración, un resultado de aprendizaje podría ir más allá de “comprender los principios de gestión financiera” y plantearse como “analizar la información financiera de una empresa para evaluar alternativas de inversión y justificar una decisión”. De esta manera, la institución puede observar y evaluar una capacidad concreta mediante casos, proyectos o actividades prácticas, en lugar de limitarse a comprobar si el estudiante recuerda determinados conceptos.
2. Dar seguimiento al progreso del estudiante durante toda su trayectoria
El número de estudiantes que se titulan de una generación o programa universitario permite saber cuántos lograron llegar hasta el final, pero no explica cómo avanzaron, qué dificultades encontraron, en qué momentos necesitaron mayor apoyo ni qué tan bien los acompañó la institución. Por ello, además de medir aprobación, retención o graduación, conviene dar seguimiento a indicadores de desempeño y progresión que permitan detectar dónde aparecen las principales dificultades, apoyar a estudiantes individuales y, sobre todo, revelar qué está funcionando dentro de un programa y qué necesita mejorarse.
Si distintas generaciones presentan dificultades en determinados contenidos, asignaturas o etapas de la carrera, tu institución puede revisar la secuencia curricular, reforzar recursos de aprendizaje, introducir más oportunidades de práctica o ajustar sus estrategias de acompañamiento. Después puede comparar los resultados de las siguientes generaciones para saber si esos cambios mejoraron la progresión y el aprendizaje. Esa capacidad de demostrar con evidencia cómo evoluciona la experiencia educativa fortalece la calidad académica y ayuda a comunicar una propuesta de valor más clara frente a estudiantes, familias y otros actores que comparan distintas opciones universitarias.
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3. Crear oportunidades para aplicar lo aprendido
El valor del aprendizaje también depende de la capacidad del estudiante para utilizarlo en distintos contextos. Por ello, los programas académicos necesitan ofrecer oportunidades para trasladar conocimientos y habilidades a problemas, proyectos y situaciones similares a las que los estudiantes encontrarán fuera del aula.
Esto puede lograrse mediante prácticas profesionales, proyectos aplicados, simulaciones, estudios de caso, experiencias de aprendizaje vinculadas con el trabajo y otras actividades que permitan pasar de “saber” a “saber hacer”. Además de fortalecer el aprendizaje, estas experiencias ayudan al estudiante a reconocer cómo sus conocimientos pueden convertirse en capacidades relevantes para su futuro profesional. De hecho, se ha encontrado que los egresados perciben las experiencias relacionadas con el trabajo entre las actividades más útiles para desarrollar su identidad profesional, ampliar sus redes y facilitar la obtención de empleo (3).
Por ejemplo, tus docentes pueden plantear un proyecto transversal en el que equipos de estudiantes desarrollen una startup enfocada en reducir el impacto de un problema medioambiental local. Los resultados tangibles del proyecto —como la investigación de mercado, la definición del público objetivo, el diseño de la solución, el modelo de negocio, la estimación de costos o la estrategia de comunicación— permiten construir un portafolio con evidencia mucho más rica que una calificación aislada. Así, tu institución puede mostrar cómo los estudiantes integran conocimientos de distintas asignaturas, resuelven problemas, toman decisiones, colaboran y comunican sus ideas para responder a un desafío concreto.
4. Desarrollar y hacer visibles las competencias que adquieren los estudiantes
Una vez que comprobamos que el aprendizaje puede trasladarse a situaciones concretas, el siguiente paso es conseguir que las competencias desarrolladas durante la carrera sean reconocibles y puedan demostrarse, tanto por la institución como por los propios estudiantes, para hacer más tangible la propuesta de valor de sus programas. El reto es especialmente relevante cuando hablamos de soft skills o habilidades transversales: comunicación, liderazgo, colaboración, pensamiento crítico o adaptabilidad pueden desarrollarse durante múltiples experiencias universitarias, pero no siempre quedan claramente reflejadas en un historial académico.
Incorporar rutas formativas específicas, evaluaciones de competencias, microcredenciales o certificaciones permite hacer visible ese aprendizaje y generar evidencia adicional de lo que el estudiante sabe hacer. De esta manera, al graduarse, no solo podría afirmar que desarrolló estas habilidades durante la universidad: contaría con una evidencia que puede incorporar a su perfil profesional y compartir con posibles empleadores.
5. Medir qué ocurre después de la graduación
Fenómenos como la sobrecualificación, el subempleo y los desajustes entre las habilidades de los graduados y las requeridas por el mercado laboral muestran por qué conseguir un empleo no es suficiente para evaluar los resultados de una carrera (1). Por otro lado, los datos de la OCDE muestran que la educación superior sí continúa asociándose con mejores resultados laborales. En los países de la organización, la tasa de empleo aumenta conforme avanza el nivel de educación terciaria: del 83% entre quienes cuentan con estudios terciarios de ciclo corto al 86% con licenciatura, 90% con maestría y 93% con doctorado (2). Sin embargo, estos promedios no permiten conocer por sí solos qué resultados está generando un programa académico específico.
Dar seguimiento a la transición de tus egresados hacia el mercado laboral y observar qué ocurre durante sus primeros años de desarrollo profesional es una de las mejores formas de medir y demostrar el valor de la educación superior en tu institución. Si bien la tasa de empleo de los graduados es un indicador importante, por sí sola ofrece una visión limitada. También conviene analizar cuánto tiempo en promedio tarda un egresado en encontrar trabajo, si se desempeña en un área relacionada con su formación, si utiliza las competencias adquiridas y qué posibilidades de crecimiento encuentra.
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Pearson Connected Learning: conecta evidencias y mide resultados para demostrar el valor de tus programas
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Imagina poder mostrar el valor de la educación superior en tu universidad; no solo cuántos estudiantes ingresan y se gradúan de tus carreras, sino qué están aprendiendo, cómo progresan, cómo aplican sus conocimientos y qué competencias desarrollan durante su formación. Y, además, contar con evidencias de esos resultados para tomar decisiones académicas y comunicar con mayor claridad el valor de tu oferta educativa.
Esa es precisamente una de las posibilidades que abre el ecosistema conectado de Pearson Connected Learning: un universo digital que integra herramientas diseñadas por expertos, para acompañar distintos momentos de la trayectoria universitaria, incluyendo aprendizaje, práctica, evaluación y desarrollo de habilidades.
Cuanto más visible sea la conexión entre las experiencias que ofrece tu universidad y los resultados que alcanzan tus estudiantes, más sólida será la evidencia con la que puedes demostrar el valor de tu oferta educativa. Para cada una de tus prioridades como director académico, Pearson Connected Learning tiene una solución:
Mostrar evidencia del aprendizaje y el progreso: Con MyLab y Mastering, plataformas para creación de cursos digitales integradas con AI Study Tool, los docentes pueden homologar contenidos, actividades y evaluaciones dentro de un mismo entorno, mientras que tu institución obtiene datos estratégicos sobre el desempeño de los estudiantes. Así, además de conocer una calificación final, es posible observar cómo están avanzando y dónde aparecen las dificultades.
Demostrar que tus estudiantes pueden aplicar lo que aprenden: Las actividades prácticas de Virtual Labs permiten trasladar conceptos a ejercicios, problemas y simulaciones. Esto ayuda a generar evidencia que va más allá de “cursó esta asignatura” para acercarse a una pregunta mucho más relevante: ¿qué puede hacer con lo que aprendió?
Hacer visibles las habilidades que se desarrollan durante la carrera: Personabilities permite trabajar competencias profesionales que complementan el conocimiento disciplinar, mientras que MyCredSkills incorpora rutas orientadas al fortalecimiento del perfil de egreso y la empleabilidad. El desarrollo de competencias en ambas soluciones genera credenciales o badges digitales, facilitando que el estudiante cuente con evidencias adicionales de su preparación.
En resumen, cuando conocimientos, práctica, habilidades y evidencias de aprendizaje forman parte de una misma trayectoria, resulta más sencillo mostrar cómo las experiencias que ofrecen tus planes académicos contribuyen progresivamente a preparar al estudiante para los siguientes pasos de su vida profesional.
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REFERENCIAS
(1) Galán-Muros, V., Ricaurte, K., & Banerjee, I. (2025). Breaking barriers: The role of higher education in advancing employability for all. UNESCO International Institute for Higher Education in Latin America and the Caribbean (UNESCO IESALC).
(2) OECD. (2025). Education at a glance 2025: OECD indicators. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/1c0d9c79-en
(3) Jackson, D., Lambert, C., Sibson, R., Bridgstock, R., & Tofa, M. (2024). Student employability-building activities: Participation and contribution to graduate outcomes. Higher Education Research & Development, 43(6), 1308–1324. https://doi.org/10.1080/07294360.2024.2325154
(4) Scandurra, R., Kelly, D., Fusaro, S., Cefalo, R., & Hermannsson, K. (2024). Do employability programmes in higher education improve skills and labour market outcomes? A systematic review of academic literature. Studies in Higher Education, 49(8), 1381–1396. https://doi.org/10.1080/03075079.2023.2265425



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