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¿Vale la pena cursar una carrera universitaria? 5 factores más allá del título

Escrito por Ideas Pearson | 21 sept 2026, 12:00:03

Además de obtener un título, ¿qué lleva a las personas a estudiar una carrera universitaria y qué tipo de beneficios buscan? 

  1. ¿Qué hace que un egresado sea realmente competitivo?

    Conocimientos que puedan llevarse a la práctica

    Habilidades que puedan trasladarse entre diferentes trabajos

    Experiencias que acerquen al estudiante al mundo profesional

    Redes que amplíen el acceso a oportunidades

    Capacidad para adaptarse y seguir aprendiendo

  2. ¿Vale la pena estudiar la universidad? 5 estrategias para preparar egresados capaces de diferenciarse

    Conecta el aprendizaje con problemas y experiencias reales

    Integra las habilidades para el trabajo dentro del currículo

    Construye puentes entre la universidad y el mercado laboral

    Ayuda a los estudiantes a reconocer y demostrar lo que saben hacer

    Forma profesionales preparados para seguir aprendiendo

  3. Pearson Connected Learning: una experiencia universitaria que construye valor más allá del título

    Aprender y aplicar conocimientos con MyLab & Mastering + AI Study Tool

    Acercar la práctica profesional al aula con Virtual Labs

    Desarrollar habilidades humanas con Personabilities

    Convertir las habilidades desarrolladas en evidencia con MyCredSkills

    Mantener acceso a contenidos académicos confiables con Biblioteca Virtual

vale la pena estudiar la universidad, pero el valor de la educación superior ya no puede medirse únicamente por la obtención de un título, especialmente cuando existen infinidad de alternativas para aprender por cuenta propia. Para ser un verdadero factor de empleabilidad, la experiencia universitaria también necesita proporcionar conocimientos especializados, habilidades transferibles, redes profesionales, experiencias prácticas y recursos para adaptarse a un mercado laboral que seguirá transformándose a lo largo de la vida profesional.

Hoy en día los buscadores de internet, los cursos en línea, la gran variedad de certificaciones, tutoriales, y comunidades digitales, así como la inteligencia artificial, han ampliado de un modo nunca antes visto las posibilidades de aprender de manera autónoma prácticamente cualquier tema. Esto ha hecho que miles de jóvenes se cuestionen si vale la pena estudiar la universidad, y especialmente el paradigma tradicional de que “es necesario estudiar una carrera universitaria formal para obtener un buen empleo”, porque muchos egresados universitarios también enfrentan dificultades para integrarse al mercado laboral.

De acuerdo con un informe de la Organización Internacional del Trabajo, en 2023 la tasa de desempleo juvenil triplicaba la de los adultos y alrededor del 60% de los jóvenes ocupados trabajaba en la informalidad. El mismo informe identifica problemas como la sobrecualificación y, a partir de entrevistas y grupos focales realizados en siete países de la región, señala que los jóvenes participantes perciben que las transformaciones del mercado laboral avanzan más rápido que los cambios en las instituciones educativas (3).

Entonces ¿cuál es el valor de estudiar una carrera actualmente, si un título no garantiza un empleo? Diversas investigaciones apuntan a que sí vale la pena estudiar la universidad siempre y cuando la experiencia académica también permita desarrollar y acumular distintos tipos de capital más allá de la formación académica, por ejemplo las redes profesionales, la experiencia, las habilidades personales, la identidad profesional y la capacidad de gestionar la propia trayectoria laboral.

Garantizar que tus estudiantes no solo egresen con conocimientos y un título, sino con un perfil profesional capaz de diferenciarse, implica mirar más allá de la graduación y convertir toda la experiencia universitaria en una oportunidad para construir empleabilidad.

Como director académico, sabes que este desafío no se resuelve solo actualizando un plan de estudios. Necesitas asegurar que cada etapa de la experiencia universitaria ayude a tus estudiantes a convertir lo que aprenden en capacidades, evidencias y conexiones que tengan valor fuera del aula.

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¿Qué hace que un egresado sea realmente competitivo?

La expansión de la educación superior ha permitido que cada vez más personas accedan a una formación universitaria. Simultáneamente, mientras más candidatos ofrecen un título, este va perdiendo fuerza como elemento diferenciador y se convierte en un mero filtro inicial, antes de que los reclutadores comiencen a buscar señales mucho más específicas sobre lo que el candidato realmente puede hacer a nivel profesional, humano y estratégico (1).

Por ello, las universidades necesitan preguntarse qué valor adicional está construyendo cada estudiante durante su trayectoria: ¿puede aplicar sus conocimientos para resolver problemas?, ¿ha desarrollado habilidades que pueda trasladar a distintos escenarios profesionales?, ¿cuenta con experiencias cercanas al mundo laboral?, ¿ha comenzado a construir una red profesional?, ¿sabe identificar y comunicar aquello que puede aportar? A esto hay que sumarle que la empleabilidad en un mercado en el que las ocupaciones, las tecnologías y las habilidades demandadas cambian constantemente, implica contar con recursos que permitan encontrar oportunidades, adaptarse a nuevos escenarios y continuar desarrollándose profesionalmente.

De acuerdo con el Employability Capital Growth Model (2), existen nueve formas de capital que pueden contribuir a la empleabilidad a lo largo de la vida. Entre ellas se encuentran el capital académico, social, psicológico, cultural, económico, de salud, de valor de mercado, de identidad personal y de identidad profesional. Desde esta perspectiva, las instituciones de educación superior pueden identificar algunas dimensiones que conviene desarrollar de manera intencional durante la trayectoria del estudiante:

Conocimientos que puedan llevarse a la práctica

Dominar los fundamentos de una disciplina es indispensable, pero su valor profesional aumenta cuando el estudiante aprende a movilizar esos conocimientos para analizar situaciones, resolver problemas y tomar decisiones. Dentro del capital de valor de mercado se consideran tanto la experiencia laboral como las habilidades técnicas y personales. Esto plantea una oportunidad para diseñar experiencias académicas en las que aprender no signifique únicamente comprender conceptos, sino utilizarlos en situaciones cada vez más cercanas a aquellas que el estudiante encontrará fuera del aula.

Habilidades que puedan trasladarse entre diferentes trabajos

Una trayectoria profesional puede llevar a una persona a diferentes puestos, organizaciones e incluso sectores. Por eso, además del conocimiento especializado, adquieren relevancia aquellas capacidades que pueden acompañarla durante esos cambios. Comunicación, colaboración, resolución de problemas, pensamiento crítico o capacidad para desenvolverse en entornos digitales son ejemplos de habilidades que pueden utilizarse en múltiples escenarios profesionales. Su desarrollo amplía los recursos con los que cuenta un egresado para responder a oportunidades y desafíos que quizá ni siquiera existían cuando comenzó su carrera.

Experiencias que acerquen al estudiante al mundo profesional

La experiencia también puede comenzar antes del primer empleo de tiempo completo. Prácticas profesionales, proyectos, aprendizaje basado en problemas y otras actividades aplicadas permiten comenzar a comprender cómo funcionan los conocimientos adquiridos cuando se enfrentan a restricciones, decisiones y problemas concretos. Además, estas experiencias pueden generar varios tipos de valor simultáneamente, por ejemplo, que las prácticas y placements pueden contribuir tanto a ampliar las redes de los estudiantes como a mejorar sus perspectivas laborales posteriores.

Redes que amplíen el acceso a oportunidades

Uno de los aportes más interesantes del modelo es reconocer explícitamente el capital social como parte de la empleabilidad. Las relaciones construidas durante la universidad pueden proporcionar acceso a información, conocimientos, orientación y oportunidades que difícilmente se generan de manera aislada. Por eso, el networking o la relación con compañeros, profesores, egresados, mentores y profesionales de la industria también forma parte del aprendizaje y puede ampliar el horizonte profesional del estudiante.

Capacidad para adaptarse y seguir aprendiendo

Finalmente, sí vale la pena estudiar la universidad, pero ninguna universidad puede anticipar todas las herramientas, puestos o competencias que sus egresados necesitarán durante las próximas décadas. Prepararlos para el futuro requiere también fortalecer su capacidad para aprender de nuevas experiencias, actualizar sus conocimientos y asumir un papel activo en su propio desarrollo profesional. Esto cambia el objetivo de la preparación profesional: no se trata de formar al candidato perfecto para el empleo disponible hoy, sino a un profesional capaz de seguir construyendo su valor cuando el mercado laboral cambie.

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¿Vale la pena estudiar la universidad? 5 estrategias para preparar egresados capaces de diferenciarse

Un diseño curricular innovador puede integrar excelentes oportunidades para que tus estudiantes apliquen conocimientos, desarrollen habilidades y acumulen experiencias que aumenten progresivamente su valor profesional. La evidencia disponible sugiere que se obtienen resultados especialmente favorables cuando se proporcionan experiencias prácticas y una conexión más directa con el mundo laboral (1).

Como director académico, el reto no es añadir actividades aisladas de empleabilidad, sino diseñar una trayectoria en la que cada programa conecte conocimiento, práctica y desarrollo de habilidades de forma verificable.

1. Conecta el aprendizaje con problemas y experiencias reales

Una de las formas más directas de reducir la distancia entre estudiar una disciplina y ejercerla consiste en crear oportunidades para utilizar los conocimientos en situaciones auténticas o cercanas a la práctica profesional. Prácticas profesionales, trabajo de campo y experiencias de aprendizaje integrado al trabajo reportan hasta un 94% de resultados categorizados como positivos, y 41% corresponde específicamente a resultados laborales favorables (1). Esto no significa que todas las asignaturas necesiten incorporar una práctica profesional: proyectos, casos, simulaciones y aprendizaje basado en problemas también pueden acercar al estudiante a escenarios en los que tenga que investigar, experimentar, tomar decisiones o aplicar lo aprendido para encontrar una solución.

2. Integra las habilidades para el trabajo dentro del currículo

Si comunicación, pensamiento crítico, colaboración o resolución de problemas son importantes para el desempeño profesional, su fortalecimiento debería ser prioritario antes de que el estudiante se gradúe. Una alternativa es mapear estas habilidades dentro del currículo: identificar dónde comienzan a desarrollarse, en qué asignaturas se practican y cómo aumenta progresivamente el nivel de complejidad con el que los estudiantes deben utilizarlas.

De esta manera, las habilidades dejan de ser un resultado esperado pero difícil de observar y se convierten en una parte intencional de la experiencia académica. Esto también permite que cada programa determine cuáles son las capacidades transferibles más relevantes para sus egresados y cómo se complementan con los conocimientos propios de la disciplina.

3. Construye puentes entre la universidad y el mercado laboral

Una universidad difícilmente puede responder a las necesidades profesionales si el contacto con empleadores ocurre únicamente cuando sus estudiantes buscan prácticas o su primer empleo. Se ha demostrado que las iniciativas desarrolladas en respuesta a demandas directas del mercado laboral muestran resultados favorables, lo que destaca la importancia de una comunicación efectiva entre instituciones de educación superior y empleadores (1). La OIT llega a una conclusión similar para América Latina y el Caribe: recomienda fortalecer los mecanismos para anticipar la demanda de habilidades, adaptar la formación a la evolución del mercado y fomentar el diálogo entre los diferentes actores (3).

Consejos consultivos con representantes de la industria, proyectos desarrollados con empresas, participación de profesionales en actividades académicas, prácticas y modelos de formación dual son distintas maneras de mantener ese intercambio activo.

4. Ayuda a los estudiantes a reconocer y demostrar lo que saben hacer

Desarrollar una competencia es solo una parte del proceso. Al momento de buscar una oportunidad profesional, el estudiante también necesita identificar qué aprendió, explicar cómo puede utilizarlo y aportar evidencia de ello, por ejemplo con proyectos, portafolios, evaluaciones auténticas y otras evidencias que hagan visible el desarrollo alcanzado. También es importante promover espacios de reflexión que ayuden al estudiante a relacionar una actividad académica con las capacidades que puso en práctica para resolverla. Esta dimensión coincide con el capital de identidad profesional descrito por el Employability Capital Growth Model, que incluye la capacidad de reflexionar sobre la propia carrera, ejercer agencia sobre ella y comunicar la propia empleabilidad.

5. Forma profesionales preparados para seguir aprendiendo

Los programas académicos pueden actualizarse, pero difícilmente podrán hacerlo al ritmo de cada tecnología, herramienta o función profesional que aparezca. La OIT advierte precisamente sobre la velocidad con la que se transforma el mercado laboral y plantea la necesidad de impulsar el aprendizaje a lo largo de la vida para afrontar múltiples transiciones profesionales. Por ello, una de las mejores inversiones en empleabilidad consiste en desarrollar estudiantes con mayor autonomía: capaces de buscar información confiable, aprender nuevas herramientas, detectar sus propias brechas de conocimiento y actualizar sus habilidades cuando sea necesario.

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Pearson Connected Learning: una experiencia universitaria que construye valor más allá del título

Si la empleabilidad se construye mediante conocimientos, habilidades, experiencias y capacidad para seguir aprendiendo, las universidades necesitan un ecosistema capaz de acompañar ese desarrollo durante toda la trayectoria académica. Pearson Connected Learning integra soluciones de aprendizaje y recursos educativos que permiten a tus estudiantes avanzar en una experiencia donde aprender, practicar, desarrollar habilidades y demostrar lo que saben hacer forman parte de un mismo recorrido.

Aprender y aplicar conocimientos con MyLab & Mastering + AI Study Tool

MyLab & Mastering + AI Study Tool permiten tanto diseñar cursos completos como complementar los contenidos de tus asignaturas con actividades, ejercicios y recursos diseñados para que los estudiantes practiquen y reciban retroalimentación durante su aprendizaje. La IA educativa integrada ofrece, además, apoyo personalizado para estudiar conceptos y trabajar sobre las áreas en las que necesitan mayor acompañamiento, ayudando a trasladar el foco de simplemente cubrir contenidos hacia una experiencia en la que el alumno interactúa con ellos, practica y asume mayor responsabilidad sobre su aprendizaje.

Acercar la práctica profesional al aula con Virtual Labs

No todas las instituciones pueden ofrecer acceso permanente a laboratorios físicos, equipamiento especializado o suficientes experiencias profesionales para todos sus estudiantes. Virtual Labs amplía las oportunidades de práctica mediante experiencias virtuales que permiten trabajar con procedimientos y situaciones relacionadas con diferentes disciplinas. Este tipo de experiencias conectan al estudiante con escenarios donde pueda aplicar los conocimientos adquiridos, una de las vías más prometedoras para fortalecer su preparación para el mundo profesional.

Desarrollar habilidades humanas con Personabilities

Las competencias disciplinares conviven cada vez más con habilidades necesarias para colaborar, comunicarse y desenvolverse en diferentes escenarios profesionales. Personabilities permite incorporar el desarrollo de estas capacidades dentro de la formación universitaria, de manera que no queden relegadas a iniciativas aisladas al final de la carrera. Para tu institución, esto significa trabajar y visibilizar de manera más intencional una dimensión fundamental del capital de empleabilidad: los recursos personales que tu estudiante puede movilizar posteriormente en diferentes situaciones profesionales.

Convertir las habilidades desarrolladas en evidencia con MyCredSkills

También existe una diferencia importante entre tener una habilidad y poder demostrarla. MyCredSkills permite integrar credenciales digitales en los programas académicos para reconocer competencias específicas desarrolladas dentro y fuera del currículo. Con credenciales digitales, tus estudiantes pueden construir progresivamente evidencias que complementen su título y comuniquen con mayor precisión aquello que saben hacer, incluso aquellas habilidades que tradicionalmente quedan diluidas dentro de una asignatura o programa.

Mantener acceso a contenidos académicos confiables con Biblioteca Virtual

La capacidad para aprender de manera continua depende también de saber encontrar y utilizar información de calidad. Biblioteca Virtual te ofrece acceso ilimitado a los mejores contenidos académicos de Pearson para potenciar y agilizar el estudio, la investigación y la consulta desde distintas asignaturas y momentos de la trayectoria.

Como puedes ver, el valor de la universidad ya no termina en el título. Una experiencia académica capaz de conectar conocimientos, práctica, habilidades, tecnología y evidencias puede preparar a los estudiantes no solo para conseguir su primera oportunidad profesional, sino para continuar aprendiendo y construyendo su empleabilidad a lo largo de la vida.

Conoce cómo Pearson Connected Learning puede ayudarte a articular estas dimensiones y construir una experiencia universitaria con mayor valor para tus estudiantes.

 

 

REFERENCIAS

(1) Barachino, H., Timmermans, A., Venhorst, V. A., & van Dijk, J. (2025). Operationalization of graduate employability interventions in higher education – A systematic review. Education + Training, 67(10), 89–110. https://doi.org/10.1108/ET-10-2024-0463

(2) Donald, W. E., Baruch, Y., & Ashleigh, M. J. (2024). Construction and operationalisation of an Employability Capital Growth Model (ECGM) via a systematic literature review (2016–2022). Studies in Higher Education, 49(1), 1–15. https://doi.org/10.1080/03075079.2023.2219270

(3) Organización Internacional del Trabajo. (2025). Juventud en cambio: Desafíos y oportunidades en el mercado laboral de América Latina y el Caribe. Oficina Regional de la OIT para América Latina y el Caribe.