5 formas de impulsar el aprendizaje aplicado en tus clases
2.1 Convierte algunos ejercicios en problemas que exijan tomar decisiones
2.2 Distribuye pequeñas oportunidades de práctica durante todo el curso
2.3 Cambia las condiciones del problema para favorecer la transferencia
2.4 Da retroalimentación cuando todavía pueda utilizarla
2.5 Usa los resultados de la práctica para decidir qué enseñar después
MyLab y Mastering: práctica, retroalimentación y seguimiento para un aprendizaje aplicado
El aprendizaje aplicado facilita que lo aprendido en el aula pueda utilizarse para resolver problemas y tomar decisiones en situaciones profesionales y de la vida cotidiana. Desarrollarlo requiere que los estudiantes entiendan la diferencia entre la teoría y la práctica contextualizada, ya que no es lo mismo aplicar un conocimiento en un examen o un ejercicio controlado, que adaptarlo a un entorno complejo donde intervienen muchas más variables que pueden afectar el resultado final. Las actividades basadas en prueba y error, que exigen al estudiante utilizar simultáneamente tanto sus conocimientos como su pensamiento crítico, así como la retroalimentación oportuna, son estrategias eficientes para fortalecerlo.
Entender y retener información cumple una función importante en el aprendizaje: para resolver una ecuación, interpretar un texto o analizar un caso, primero necesitamos contar con conocimientos que podamos recuperar y utilizar. Pero recordar un concepto no necesariamente implica saber aplicarlo. Un estudiante puede explicar correctamente un principio durante un examen y, aún así, tener dificultades para reconocer que ese mismo principio puede ayudarle a resolver un problema nuevo.
Por ejemplo, para un egresado de la carrera de Ingeniería civil, conocer los principios necesarios para diseñar un puente no significa automáticamente saber adaptar el proyecto a las características específicas del terreno, las condiciones ambientales, las cargas previstas o los materiales disponibles en una determinada región. Por su parte, un estudiante de Administración puede conocer distintos modelos para calcular costos o evaluar una inversión y, al mismo tiempo, no tener idea de cómo proceder cuando debe tomar una decisión con información incompleta, restricciones presupuestarias y variables que cambian rápidamente, como suele ser el caso en escenarios reales.
Esta diferencia entre saber algo y saber qué hacer con lo que sabemos es uno de los grandes retos de la enseñanza universitaria. La evidencia reciente sobre evaluación auténtica indica que, en lugar de limitarse a comprobar cuánto contenido puede reproducir un estudiante, los docentes necesitan proponer tareas diseñadas para aplicar lo aprendido en situaciones relevantes pero ¿cómo llevar esta idea a la práctica cotidiana sin rediseñar por completo las asignaturas?
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El aprendizaje aplicado puede entenderse como un proceso en el que los estudiantes no se limitan a adquirir conocimientos, sino que tienen oportunidades para utilizarlos al resolver problemas, tomar decisiones y desarrollar tareas significativas. La evidencia sobre aprendizaje activo en la universidad muestra mejores resultados con metodologías como la resolución de problemas, el aprendizaje entre pares, las preguntas y discusiones, los proyectos, las simulaciones y otras actividades en las que el estudiante debía trabajar activamente con el contenido, frente a la enseñanza tradicional basada en clases expositivas (2).
Por eso, antes de diseñar las actividades o experiencias específicas de un curso o materia, necesitamos preguntarnos qué tiene que aprender un estudiante, qué tiene que saber hacer con lo que aprende, y cómo conectar la teoría y la práctica. El conocimiento aporta la base, pero cuantas más veces el alumno recupere lo que sabe, lo ponga a prueba frente a distintos problemas y reciba información estratégica sobre su desempeño, más posibilidades tendrá de avanzar hacia un conocimiento que pueda movilizar dentro y fuera del aula.
Un concepto estrechamente relacionado con el aprendizaje aplicado es la transferencia del aprendizaje: la capacidad de recuperar y utilizar conocimientos o habilidades previamente adquiridos cuando nos enfrentamos a una situación diferente. La transferencia ocurre cuando el aprendizaje deja de depender de un ejemplo específico y puede movilizarse frente a problemas nuevos, por lo que favorecerla requiere variar situaciones, aumentar progresivamente su complejidad y ofrecer oportunidades para reflexionar sobre cómo y por qué se utiliza determinado conocimiento. De hecho se han identificado seis dimensiones relevantes en el diseño de experiencias de aprendizaje aplicado (4):
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Llevar la teoría a la práctica no requiere rediseñar por completo una asignatura. Muchas veces basta con modificar qué le pedimos hacer al estudiante con los contenidos y en qué momento lo hacemos. Estas cinco estrategias pueden incorporarse gradualmente a las actividades que ya forman parte de un curso.
Toma un ejercicio que tus estudiantes ya resuelven y pregúntate: ¿qué decisión podría agregar para que tengan que pensar qué hacer con lo que saben? Por ejemplo, en lugar de pedir únicamente que el estudiante aplique una fórmula, presenta una situación en la que primero tenga que determinar qué información necesita, qué procedimiento resulta adecuado y por qué. No necesitas diseñar un caso complejo cada vez. Puedes comenzar con cambios sencillos:
No esperes hasta el proyecto o examen final para descubrir si tus estudiantes pueden aplicar lo aprendido.
Una alternativa es incorporar actividades prácticas breves y frecuentes después de introducir un concepto y aumentar gradualmente su dificultad. Por ejemplo, al principio puedes ofrecer instrucciones, ejemplos, pistas o retroalimentación inmediata. Después, reduce progresivamente esos apoyos para que el estudiante tenga que decidir qué conocimientos utilizar y cómo abordar el problema.
Este tipo de secuencia tiene otra ventaja: genera información durante el proceso. Si muchos estudiantes fallan en el ejercicio guiado, quizá sea necesario volver al concepto; si pueden resolverlo pero encuentran dificultades cuando cambian las variables, probablemente necesiten más oportunidades de aplicación y transferencia. Las actividades digitales y de corrección automatizada pueden ser especialmente útiles en esta etapa porque permiten aumentar la frecuencia de práctica sin que cada ejercicio implique una nueva carga de revisión manual para el docente.
Resolver varias veces el mismo tipo de ejercicio no necesariamente prepara al estudiante para reconocer qué hacer cuando el escenario cambia. Para trabajar la transferencia del aprendizaje, es necesario modificar progresivamente las condiciones en las que debe utilizar un mismo conocimiento. Puedes cambiar los datos disponibles, introducir una restricción, eliminar una pista, combinar dos conceptos vistos previamente o trasladar el problema a otro escenario. También, después de diseñar un ejercicio, puedes crear una segunda versión cambiando una variable relevante y preguntarle al estudiante qué tendría que hacer diferente y por qué.
Si el estudiante recibe comentarios después de terminar una unidad y no vuelve a enfrentarse a un problema semejante, buena parte del potencial formativo del feedback se pierde. La retroalimentación resulta más útil cuando señala qué necesita revisar y existe una oportunidad cercana para volver a intentarlo, pero siempre propiciando un mayor nivel de comprensión que pueda utilizarse en la siguiente acción del estudiante (4). Una secuencia muy sencilla que se puede aplicar en ejercicios frecuentes es:
Primer intento → feedback → revisión → nuevo problema o intento.
La retroalimentación tampoco tiene que depender siempre de una intervención individual del docente. Dependiendo de la actividad, puede apoyarse en pistas, explicaciones, ejemplos, rúbricas, respuestas automatizadas o herramientas digitales de acompañamiento.
Las actividades prácticas no solo sirven al estudiante; también pueden proporcionar al docente información muy valiosa para ajustar la enseñanza. En lugar de esperar a una evaluación final, observa dónde aparecen los errores, ya que no todos significan lo mismo: un estudiante puede no comprender el concepto, elegir un procedimiento incorrecto, cometer un error durante su ejecución o resolver ejercicios conocidos pero bloquearse cuando cambia el escenario. Distinguir estas dificultades ayuda a decidir si conviene volver a explicar, ofrecer más práctica, proporcionar una pista o aumentar gradualmente la complejidad.
Las herramientas digitales de aprendizaje permiten ir un paso más allá al generar datos relevantes sobre el desempeño del estudiante mientras practica, y las herramientas de analítica e IA son muy útiles para identificar patrones, detectar necesidades de refuerzo y decidir dónde intervenir de forma automatizada.
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Llevar estrategias de aprendizaje aplicado a grupos numerosos puede ser un gran reto para los docentes: ofrecer suficientes oportunidades de práctica, acompañar los errores y detectar qué necesita reforzar cada estudiante puede exigir demasiado tiempo si no contamos con las herramientas adecuadas. MyLab y Mastering de Pearson son plataformas digitales de enseñanza para educación superior que integran contenidos académicos, creación de cursos, actividades, ejercicios, evaluación, retroalimentación y herramientas de seguimiento dentro de un mismo entorno.
MyLab está disponible para distintas áreas de estudio, como Administración y negocios, Economía, Matemáticas y estadística, Contabilidad o Psicología, entre otras, y permite combinar contenidos con ejercicios, cuestionarios, simulaciones y actividades interactivas. Mastering, enfocado principalmente en disciplinas científicas como Biología, Química, Física o Ingeniería, incorpora ejercicios orientados tanto a la comprensión conceptual como a la resolución de problemas teóricos y de aplicación.
Además, MyLab y Mastering integran AI Study Tool, una herramienta de IA educativa que ofrece apoyo personalizado en tiempo real mientras los estudiantes interactúan con los contenidos y ejercicios del curso. Ante una dificultad, puede guiar al estudiante paso a paso, desglosar problemas complejos y trabajar con problemas similares en lugar de limitarse a proporcionar una respuesta. Al mismo tiempo, las herramientas de seguimiento y analítica te permiten observar el desempeño a partir de las actividades realizadas, identificar conceptos o ejercicios que están generando dificultades y decidir qué reforzar, cuándo intervenir y cómo orientar las siguientes actividades.
Esta combinación de práctica frecuente, variación de problemas, retroalimentación y seguimiento favorece experiencias en las que el estudiante no solo ejercita lo que sabe, sino que encuentra nuevas oportunidades para aplicarlo en situaciones diferentes y fortalecer progresivamente la transferencia del aprendizaje.
Lleva el aprendizaje de la teoría a la práctica con Pearson. Conoce cómo MyLab y Mastering pueden ayudarte a crear más oportunidades de práctica, retroalimentación y transferencia del aprendizaje en tus cursos universitarios.
REFERENCIAS
(1) Erdem, C., Kaya, M., Tunç Toptaş, H., & Altunbaşak, İ. (2025). Problem-based learning and student outcomes in higher education: A second-order meta-analysis. Studies in Higher Education. https://doi.org/10.1080/03075079.2025.2498084
(2) Kozanitis, A., & Nenciovici, L. (2023). Effect of active learning versus traditional lecturing on the learning achievement of college students in humanities and social sciences: A meta-analysis. Higher Education, 86(6), 1377–1394. https://doi.org/10.1007/s10734-022-00977-8
(3) Vlachopoulos, D., & Makri, A. (2024). A systematic literature review on authentic assessment in higher education: Best practices for the development of 21st century skills, and policy considerations. Studies in Educational Evaluation, 83, 101425. https://doi.org/10.1016/j.stueduc.2024.101425
(4) Zhan, Y., Boud, D., & Du, Z. (2025). Designing for authentic assessment: A scoping review. Higher Education. Advance online publication. https://doi.org/10.1007/s10734-025-01588-9