¿Qué significa realmente el engagement de los estudiantes universitarios?
1.1 Engagement conductual: participar activamente
1.2 Engagement cognitivo: involucrarse con lo que se aprende
1.3 Engagement emocional: encontrar interés y valor en el aprendizaje
1.4 Engagement social: aprender también significa interactuar
¿Cómo crear una estrategia institucional de engagement estudiantil?
MyLab & Mastering: construye experiencias de aprendizaje que realmente enganchan
Para aumentar la participación de los estudiantes en clases digitales es necesario diseñar experiencias atractivas y motivadoras de aprendizaje activo, con oportunidades frecuentes para practicar conceptos que les sean relevantes, retroalimentación oportuna e interacción significativa con sus pares. El engagement de los estudiantes universitarios no depende únicamente de la capacidad del docente para mantener la atención del grupo, también requiere de un entorno que favorezca la autonomía y los invite a involucrarse de manera constante con lo que están aprendiendo.
En muchos cursos universitarios online, una cantidad considerable de estudiantes puede ingresar regularmente a la plataforma, consultar los materiales e incluso entregar todas sus actividades sin sentirse particularmente interesado en el curso ni realizar un esfuerzo cognitivo significativo. De hecho, el engagement es un fenómeno mucho más amplio que la participación observable: también involucra aspectos cognitivos, emocionales y sociales de la experiencia universitaria (1).
A medida que las universidades incorporan más recursos digitales, la tecnología amplía las posibilidades de acceso, práctica y personalización, pero su presencia por sí sola no garantiza una mayor participación. Las revisiones actuales sobre aprendizaje online en universidades apuntan claramente a que las actividades necesitan estar diseñadas para involucrar a los estudiantes en diferentes dimensiones de su aprendizaje (4).
Además, es importante tomar en cuenta que el engagement en educación superior digital se relaciona tanto con factores personales como con las características del entorno de aprendizaje, por ejemplo la interacción y el apoyo docente, el aprendizaje colaborativo, la autorregulación y la accesibilidad de las plataformas (2). Esto plantea un cambio importante para los coordinadores académicos: en lugar de preguntarnos únicamente cómo conseguir que los profesores motiven más a sus estudiantes, necesitamos preguntarnos simultáneamente cómo diseñar cursos digitales que generen más oportunidades de participación.
En este artículo veremos qué significa realmente el engagement en un entorno universitario digital, por qué puede disminuir y qué elementos puedes incorporar al diseño de tus cursos para fomentar una participación más activa y sostenida, sin colocar toda la responsabilidad sobre el docente.
Hablar de engagement de los estudiantes universitarios implica mucho más que medir cuántos alumnos ingresan a una plataforma, entregan una actividad o participan en una videollamada. Se trata de comprender hasta qué punto están involucrados activamente con su proceso de aprendizaje.
El engagement puede analizarse desde cuatro dimensiones complementarias: conductual, cognitiva, emocional y social. Esta perspectiva permite observar, además de lo que el estudiante hace, el esfuerzo que dedica a comprender, su interés por lo que aprende y la manera en que interactúa con otras personas durante el proceso (1).
Es la dimensión más visible del engagement de los estudiantes universitarios y se relaciona con las acciones que realizan durante el aprendizaje: asistir, practicar, completar actividades, consultar recursos o dedicar tiempo y esfuerzo a las tareas académicas. En un entorno digital, muchas de estas conductas dejan registros que pueden utilizarse como señales de participación.
Sin embargo, observar actividad no necesariamente permite conocer la profundidad del aprendizaje. Aproximadamente el 95% de los estudios sobre learning analytics miden única o principalmente el engagement conductual, dejando de lado las demás dimensiones (1). Por ello, indicadores como accesos, clics o actividades completadas son útiles, pero necesitan interpretarse dentro de un panorama más amplio.
Esta dimensión se refiere al esfuerzo mental que realiza el estudiante para comprender, relacionar y aplicar conocimientos. Incluye aspectos como la concentración, el pensamiento crítico, la autoeficacia y la autorregulación. En la práctica, implica que el estudiante no se limite a consumir información, sino que tenga oportunidades de resolver problemas, tomar decisiones, reflexionar sobre sus respuestas, reconocer aquello que todavía no domina y ajustar sus estrategias de aprendizaje.
El engagement tiene una importante dimensión afectiva relacionada con el interés, el disfrute, la satisfacción, el bienestar y las actitudes del estudiante hacia su experiencia de aprendizaje. Participar por obligación no es equivalente a involucrarse, y se han encontrado asociaciones directas entre engagement y emociones académicas positivas (3).
Finalmente, el engagement social comprende las interacciones que el estudiante establece con sus compañeros, docentes y otros participantes del proceso educativo. Puede manifestarse al colaborar, intercambiar ideas, participar en discusiones o solicitar ayuda cuando la necesita. Esta dimensión, frecuentemente subestimada, no debería perderse al trasladar una experiencia al entorno digital (4).
En conjunto, estas dimensiones muestran por qué la verdadera pregunta sobre la calidad de un curso en línea no es si los estudiantes están entrando y realizando las actividades, sino qué tanto están reflexionando, practicando, encontrando valor en lo que hacen e interactuando de maneras que favorezcan su aprendizaje. Un estudiante que completa muchas actividades no necesariamente está procesando el contenido en profundidad; de la misma manera, una disminución de la actividad puede ser una señal de dificultad que necesita interpretarse dentro de un contexto más amplio.
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Así como la evidencia muestra que el engagement de los estudiantes universitarios depende de múltiples factores, la baja participación tampoco puede atribuirse a una sola causa. La flexibilidad es una de las grandes ventajas del aprendizaje digital, pero también puede convertirse en un desafío en diferentes escenarios:
Cuando el estudiante se convierte en espectador
Ver una clase, leer un texto o consultar un recurso son actividades necesarias, pero si constituyen la mayor parte de la experiencia digital, el estudiante tiene pocas oportunidades de hacer algo con lo que está aprendiendo. Diversos expertos destacan la importancia de diseñar actividades que involucren a los estudiantes en aprendizajes auténticos, esto puede implicar resolver un problema después de estudiar un concepto, responder una pregunta que obligue a aplicarlo, comparar diferentes soluciones o practicar hasta identificar dónde existe una dificultad. Así, cada contenido puede convertirse en un punto de partida para la actividad y no en el final de la experiencia.
Cuando la autonomía exige más autorregulación de la que el estudiante posee
En un salón de clases existen múltiples estructuras externas que ayudan a organizar el aprendizaje. En los entornos digitales, parte de esa responsabilidad se desplaza hacia el estudiante, quien necesita gestionar mejor su tiempo, establecer metas, mantener la atención y monitorear su propio avance. Se ha comprobado que los estudiantes con mayores capacidades de autorregulación tienden a ingresar con regularidad a las plataformas, entregar actividades a tiempo, participar y monitorear su proceso de aprendizaje (3).
Por eso, fomentar la autonomía no significa simplemente proporcionar contenidos y esperar que cada estudiante avance por su cuenta. Un curso digital también puede ofrecer estructura y puntos de referencia que le permitan saber qué debe hacer, cómo está progresando y dónde necesita concentrar sus esfuerzos.
Cuando la tecnología introduce barreras en lugar de eliminarlas
Existe una asociación positiva entre la accesibilidad de las plataformas y el engagement (3). Dicho de otra manera, la participación también depende de qué tan sencillo sea para el estudiante desenvolverse dentro del entorno digital. En un estudio con 372 universitarios en Latinoamérica, se encontró que las competencias digitales fueron un predictor relevante del engagement académico (2). Saber localizar y gestionar información, comunicarse, crear contenidos o resolver problemas digitales puede influir en la capacidad del estudiante para aprovechar las oportunidades de aprendizaje que ofrece la tecnología.
Esto plantea una consideración importante para las universidades: incorporar más herramientas no garantiza automáticamente mayor participación. El objetivo debería ser crear una experiencia digital en la que la tecnología reduzca fricciones, facilite la práctica y permita al estudiante concentrar sus esfuerzos en aprender.
Finalmente, si el engagement es multidimensional, las experiencias digitales también deberían ofrecer distintas maneras de participar. Resolver ejercicios puede activar la dimensión conductual y cognitiva; aplicar conceptos a problemas favorece un procesamiento más profundo; mientras que intercambiar ideas, colaborar o solicitar apoyo incorpora una dimensión social.
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El papel del docente sigue siendo fundamental para generar compromiso. De hecho, la interacción y el apoyo del profesor o facilitador presentan una de las asociaciones más fuertes con el engagement (3). Sin embargo, esto no significa que toda la responsabilidad de mantener a los estudiantes involucrados deba recaer sobre esta figura.
Cuando la participación depende exclusivamente de su intervención, el docente necesita recordar constantemente las actividades pendientes, responder las mismas dudas, identificar manualmente quién está teniendo dificultades, proporcionar retroalimentación individual y buscar maneras de recuperar a quienes comienzan a desconectarse. Además de aumentar su carga de trabajo, este modelo hace que la experiencia pueda variar considerablemente entre asignaturas y grupos.
El reto, entonces, debe abordarse en conjunto con coordinadores académicos y diseñadores instruccionales: ¿cómo crear condiciones que favorezcan el engagement de los estudiantes universitarios de manera consistente, sin perder el valor del acompañamiento docente?
Como coordinador académico, tu papel no es sustituir la intervención del docente, sino crear las condiciones de diseño, acompañamiento y tecnología para que cada curso sostenga el engagement de manera consistente. Cuando esas condiciones se integran desde el inicio, la participación deja de depender de esfuerzos aislados.
La tecnología educativa puede ayudar a trasladar parte de ese esfuerzo hacia la propia estructura del aprendizaje. Por ejemplo, un entorno digital puede ofrecer actividades frecuentes de práctica, proporcionar retroalimentación durante el proceso, mostrar al estudiante su avance y generar información que permita reconocer dificultades. De esta manera, algunas oportunidades de participación están integradas desde el diseño del curso y no necesitan ser creadas desde cero por el profesor en cada sesión.
Esto también permite utilizar mejor el tiempo docente. En lugar de dedicar gran parte de su atención a comprobar quién realizó una actividad o detectar manualmente errores recurrentes, puede concentrarse en tareas donde su experiencia resulta más valiosa: resolver dificultades complejas, contextualizar el conocimiento, promover discusiones, acompañar a quienes necesitan mayor apoyo y tomar decisiones pedagógicas a partir de la información disponible.
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Hoy sabemos que el engagement depende de múltiples factores: la autorregulación y las competencias digitales del estudiante, pero también el diseño de las actividades, la colaboración, la accesibilidad de las plataformas y, por supuesto, el acompañamiento docente. Por ello, una estrategia sostenible necesita combinar tecnología, diseño pedagógico y presencia humana, en lugar de depositar toda la responsabilidad en uno solo de estos elementos.
MyLab & Mastering son plataformas de aprendizaje digital de Pearson diseñadas para crear cursos y acompañar la enseñanza y el aprendizaje en distintas disciplinas. Ambas permiten acceder a contenidos, actividades, evaluaciones, recursos de apoyo y herramientas de seguimiento dentro de una misma experiencia, y además están integradas con AI Study Tools, la IA educativa de Pearson, de modo que el estudiante puede obtener explicaciones y trabajar con recursos orientados a reforzar su comprensión, ampliando las oportunidades de recibir apoyo mientras estudia.
El objetivo de estas soluciones no es sustituir la orientación del profesor, sino proporcionar al estudiante más recursos para identificar dudas, continuar trabajando y asumir un papel activo en su aprendizaje.
Además, todas las actividades realizadas dentro de MyLab & Mastering generan información que ayuda al docente a dar seguimiento al desempeño de sus estudiantes y reconocer áreas que pueden requerir mayor atención: identificar conceptos que están generando dificultades, reconocer patrones y decidir dónde puede ser más útil una intervención docente.
En resumen: mejorar el engagement no significa exigir más esfuerzo al docente, sino estructurar cursos que combinen práctica, retroalimentación, autonomía y seguimiento oportuno. Así, la tecnología ayuda a sostener la participación sin reemplazar la interacción humana que da sentido al aprendizaje.
¿Quieres transformar tus cursos digitales en experiencias más activas y participativas? Conoce cómo MyLab, Mastering y las soluciones de Pearson para universidades pueden ayudarte a integrar práctica, retroalimentación y seguimiento para impulsar el aprendizaje de tus estudiantes.
REFERENCIAS
(1) Bergdahl, N., Bond, M., Sjöberg, J., Dougherty, M., & Oxley, E. (2024). Unpacking student engagement in higher education learning analytics: A systematic review. International Journal of Educational Technology in Higher Education, 21, 63. https://doi.org/10.1186/s41239-024-00493-y
(2) Flores Huamancuri, Y. H., & Jaimes Marcacuzco, P. M. (2026). Competencias digitales y uso de IA como predictores del engagement académico en universitarios peruanos. Sociología y Tecnociencia, 16(2), 116–130. https://doi.org/10.24197/m9t9qa92
(3) Li, Q., Ma, Y., Wang, X., Wang, Y., Zhang, P., Kaur, A., & Palaroan, R. (2026). Understanding student engagement in digital higher education: A meta-analysis of antecedents and outcomes. Educational Process: International Journal, 20, e2026008. https://doi.org/10.22521/edupij.2026.20.8
(4) Salas-Pilco, S. Z., Yang, Y., & Zhang, Z. (2022). Student engagement in online learning in Latin American higher education during the COVID-19 pandemic: A systematic review. British Journal of Educational Technology, 53(3), 593–619. https://doi.org/10.1111/bjet.13190