Aprender inglés mientras duermes, ¿mito o realidad?

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La idea de aprender inglés mientras duermes sin duda es muy atractiva. La hipnopedia o el concepto del aprendizaje a través del sueño fue muy popular durante el siglo pasado, especialmente en la posguerra y durante la década de los 70 y 80.


La cultura popular y las películas de ciencia ficción están plagadas de referencias a sistemas de aprendizaje subliminal durante el sueño, no solo relativos a los idiomas u otros conocimientos académicos, sino también para modificar patrones de conducta. 

De hecho, muchos de los cassettes destinados a ser escuchados mientras el usuario dormía no eran para aprender idiomas o historia universal, sino para “despertar más motivado”, “ser una persona de más influencia” e incluso para perder peso, es decir, superación personal.

Actualmente, es posible encontrar en YouTube cientos de videos de “reprogramación neurolingüística”, auto hipnosis y, claro, para aprender inglés mientras duermes. La gran pregunta es ¿realmente se trata de una estrategia de estudio eficiente para que mejores tus habilidades del idioma? Hoy profundizaremos en este tema.

¿Puedes aprender inglés mientras duermes?

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El interés de aprender inglés (o cualquier otra cosa) durmiendo coincide con la ideología social del incremento de la productividad individual que floreció tras la revolución industrial. La teoría psicodinámica del subconsciente, de Sigmund Freud, también jugó un papel relevante en su sustento teórico. 

Es decir, dado que ser productivo 24/7 era cada vez más importante para la sociedad, las horas que pasamos durmiendo comenzaron a interpretarse como un “desperdicio de tiempo” y surgieron infinidad de intentos de aprovecharlas en fines constructivos, la gran mayoría relacionados con aspectos aspiracionales característicos de la clase media.

La teoría subyacente de la hipnopedia se basaba en que los estímulos que escuchamos mientras dormimos se guardaban en la mente inconsciente y durante la vigilia se abrían paso hacia la conciencia. 

Posteriormente, cuando los escáneres de resonancia magnética permitieron identificar los diferentes patrones de ondas cerebrales que ocurren durante las fases del sueño, la hipnopedia (que ya era una industria boyante) se sustentó en la idea de que el cerebro es receptivo durante ciertas oscilaciones que se pueden aprovechar para “meter” información en él.

El único problema es que la teoría de que podemos aprender cualquier cosa mientras dormimos parte de una premisa errónea: el cerebro no está “perdiendo el tiempo” mientras dormimos, todo lo contrario, está realizando funciones de consolidación cognitiva y fisiológicas de suma importancia para nuestra supervivencia.

¿Qué hace el cerebro mientras dormimos? 

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El sueño tiene todo que ver con el aprendizaje, pero el proceso de adquirir nuevos conocimientos ocurre mientras estamos despiertos y el de afianzarlos en la memoria (transportarlos del hipocampo al neocórtex) sucede cuando vamos a la cama. Desgraciadamente, no hay pruebas contundentes que demuestren que se pueden hacer ambas cosas a la vez.

Durante la noche, el cerebro selecciona cuáles recuerdos a corto plazo vale la pena almacenar en la memoria a largo plazo y desecha el resto de la información intrascendente para hacer espacio en “el escritorio mental”. Por eso, luego de una noche de sueño reparador, aprendemos información nueva más fácil que después de cinco horas de estudio. 

Eso sí, se han hecho muchísimos experimentos al respecto y algunos resultados, que no son concluyentes por sí mismos, se han interpretado desde una óptica reduccionista para asegurar que es posible hacer algo tan complejo como aprender otro idioma mientras dormimos. 

Veamos algunos ejemplos representativos: 

  • Varios estudios del siglo pasado supuestamente demostraron que las personas que se dormían escuchando un audio con palabras en otro idioma y su significado, tenían un mayor porcentaje de aciertos en un test al día siguiente.

    Pero luego se demostró que esto se debía a lo que los sujetos de estudio habían alcanzado a escuchar antes de dormirse, o durante momentos en que se despertaban. En otros casos, la metodología y los resultados de los experimentos sencillamente no eran confiables.

  • Algunos estímulos sensoriales del entorno pueden infiltrarse en nuestros sueños (como sucede, por ejemplo, cuando empezamos a soñar con humo y nos despierta el humo real porque nos quedamos dormidos con la cena en el horno). Sin embargo, los sueños no se recuerdan a menos que nos despertemos durante la fase REM y eso también significa que nos despertamos a la mitad de un ciclo de sueño que no se completó.

    Los recuerdos de los sueños, cuando no vienen acompañados de complejas narrativas recurrentes o de una gran intensidad emocional, suelen ser volátiles, pasajeros e imprecisos, justamente porque solo se quedan un momento en nuestra memoria temporal. Así que aunque logremos soñar con una lista completa de verbos en inglés, lo más probable es que esos recuerdos no sobrevivan al final del día.

  • Un estudio de 2015 muy citado en medios, aseveró que es posible incrementar hasta en un 10% la retención de palabras en otro idioma que se aprenden durante el día, si el usuario las vuelve a escuchar durante determinadas etapas del sueño.

    Esto resultaría muy significativo a no ser porque la muestra de participantes era extremadamente pequeña: quince personas. Además, aunque los resultados fueran confiables, el engorro que representa conectarnos a un aparato que empareje las palabras con las ondas cerebrales correctas sigue siendo muy ineficiente en comparación con lo que puede lograrse con otras estrategias de estudio durante la vigilia.

  • En el 2019, un estudio de la Universidad de Berna reavivó el interés por la hipnopedia al comprobar que los participantes, a quienes se les había puesto una grabación con una palabra inventada y su significado (por ejemplo, “tutu” = “torre”), al día siguiente no podían recordar el significado, pero sí asociar “tutu” con un objeto grande y alto. Es decir, la información se almacenaba en un nivel semántico de relaciones abstractas muy generalizadas.

    Si bien la correlación era estadísticamente significativa en estos dos estudios recientes, definitivamente esto está muy lejos de demostrar que puedes aprender inglés mientras duermes. A lo mucho, significa que hay bastantes cosas que aún desconocemos sobre el sueño y que queda un largo camino de experimentación por recorrer. 

En conclusión: los audios para aprender inglés mientras duermes podrían tener un impacto mínimo en tu capacidad de recordar y asociar el significado abstracto de ciertas palabras, pero no influirán en absoluto en tu conocimiento sobre estructuras, comprensión, pronunciación o reglas gramaticales, ni en tu capacidad de integrarlas. 

De hecho, dormirte con un audio de inglés de siete u ocho horas incluso puede disminuir tu calidad de sueño y hacer aún más difícil que retengas lo que aprendiste durante la vigilia. Lo que sí puedes hacer es irte a dormir con una canción suave en el idioma anglosajón cuya letra quieras aprender, pero programada para repetirse dos o tres veces, no más. 

En lugar de tratar de aprender inglés mientras duermes, es mucho más recomendable que dediques un momento antes de dormir a repasar brevemente tu lección del día y luego tengas un largo sueño reparador sin distracciones.

Esto es especialmente importante si vas a presentar un examen al día siguiente, ya que puede mejorar tu rendimiento general de manera mucho más objetiva y concreta.

¿Cómo mejorar el aprendizaje del inglés?

Si lo que quieres es perfeccionar tu inglés más rápido recurriendo a los descubrimientos avalados de las neurociencias, aquí te dejamos tres estrategias de estudio que de verdad funcionan:

  1. Aprovecha el poder de las asociaciones

    icono-auto-learningEstá demostrado que los recuerdos funcionan como redes semánticas y no como nódulos aislados. Y cuando decimos “recuerdos” podemos referirnos a palabras, imágenes, sonidos, olores, sensaciones, secuencias motoras, emociones, etc.


    Es decir, cuando se “enciende” en nuestro cerebro la palabra “kitchen”, también se pre-activan los circuitos relacionados con “food” y “cooking”, e incluso los que nos permiten recordar “family”, “delicious” o “love”; la evocación del movimiento que hace nuestra muñeca cuando picamos una cebolla y el olor de la misma friéndose en el aceite. 


    Por eso, es mucho más eficiente tratar de aprender una lista de palabras y frases en inglés relacionadas con un contexto o situación específica, porque así le damos la oportunidad a nuestro cerebro de aprender de la forma en que naturalmente lo hace.


    Si además de aprender inglés con campos semánticos pones en juego todos tus sentidos (por ejemplo, tomando una clase de cocina en lengua inglesa) la información que aprendiste durante el día se va a consolidar de forma mucho más eficiente en tu cerebro mientras duermes.

  2. Practica las 4 habilidades del inglés en cada sesión de estudio

    icono-autonomiaYa sabes que el dominio del idioma consta de cuatro habilidades clave: entenderlo, leerlo, hablarlo y escribirlo. 


    Siguiendo el mismo principio que en el punto anterior, si durante una lección intentas ejercitar estas habilidades en conjunto, crearás redes de activación neuronal que no solo se enfocan en entender una palabra cuando la lees, sino también identificarla cuando la escuchas, activar los movimientos del habla para pronunciarla y la motricidad fina que se quiere para escribirla. 


    Volviendo al ejemplo de la clase de cocina en inglés, lo ideal sería que pudieras escuchar al profesor leer la receta mientras tú sigues la lectura en el libro, pero también que la trascribieras a mano y finalmente explicaras en este idioma los pasos que seguiste para preparar el platillo y si realizaste alguna variación “al gusto”.

  3. Estudia cuando te sientas de mejor humor

    icono-valoresEstá ampliamente comprobado que aprendemos mejor y más rápido cuando estamos de buenas. Por el contrario, el estrés, la frustración, el miedo o la tristeza son obstáculos cognitivos que prácticamente hacen imposible que nos concentremos en adquirir cualquier clase de conocimiento que no parezca prioritario para nuestra supervivencia. 


    Entonces, ese momento del día en el que te sientes más positivo y con más energía es el mejor para tomar la clase de inglés. Si no puedes modificar tus horarios, lo que sí puedes hacer es mejorar tu humor antes del estudio escuchando tus canciones favoritas, haciendo media hora de ejercicio, tomando un baño caliente o jugando con tu mascota.


    Todas estas actividades liberan dopamina en el cerebro, una de las hormonas directamente relacionadas con el aprendizaje.

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Referencias

Diekelmann, Susanne & Wilhelm, Ines & Wagner, Ullrich & Born, Jan. (2013). Sleep Improves Prospective Remembering by Facilitating Spontaneous-Associative Retrieval Processes. PloS one. 

Diekelmann, Susanne & Büchel, Christian & Born, Jan & Rasch, Björn. (2011). Diekelmann S, Buchel C, Born J, Rasch B. Labile or stable: opposing consequences for memory when reactivated during waking and sleep. Nat Neurosci 

Thomas Schreiner, Björn Rasch, Boosting Vocabulary Learning by Verbal Cueing During Sleep, Cerebral Cortex. https://doi.org/10.1093/cercor/bhu139

Simon, Charles W & Emmons William H. (1956) EEG, Consciousness, and Sleep. Science. https://www.science.org/doi/abs/10.1126/science.124.3231.1066

 

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