¿Por qué es importante para los niños la inteligencia emocional?

  • Fecha de publicación: 10 de agosto de 2021
Importancia de la inteligencia emocional en los niños
En el aula
Tiempo de lectura: 8 min.

La inteligencia emocional nos permite desarrollar habilidades específicas para reconocer el estado de nuestras emociones y aprender a gestionarlas en relación con nuestro entorno y con los demás.


Desde hace algunos años, las emociones se han convertido en un factor determinante para el desarrollo de los niños. La inteligencia emocional no solo les permite expresar cómo se sienten, además, es una vía directa para establecer mejores relaciones sociales que les ayudarán a desenvolverse con éxito en todos los aspectos de su vida.

Conoce más sobre el origen de la inteligencia emocional y la relevancia que está teniendo hoy en día en el desarrollo integral de los niños.

¿Cómo surge el término inteligencia emocional?

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La inteligencia emocional es un concepto que ha generado mucha controversia. En los últimos 50 años se han escrito cientos de libros y miles de artículos sobre el tema, gracias a su creciente popularidad tanto en el campo de la educación como en la vida profesional.

Hasta mediados del siglo pasado solo se tenían contempladas dos concepciones de inteligencia: la primera consideraba que era una capacidad general única, que cualquier persona poseía en mayor o menor medida. La segunda afirmaba que la inteligencia se podía medir a través de instrumentos estandarizados. 

No fue hasta la década de los ochenta que el doctor Howard Gardner, en su libro  Estructuras de la mente, señaló por primera vez que “no existe una inteligencia única, sino que dependiendo del ser humano, este posee varias inteligencias”. Esta idea evolucionó en obras posteriores a través de una “teoría de las inteligencias múltiples”, destacando los siguientes tipos:

  1. Auditiva musical
  2. Cinestésica-corporal
  3. Visual-espacial
  4. Verbal-lingüística
  5. Lógico-matemática. 
  6. Intrapersonal-interpersonal.

En 1990 los doctores Salovey y Mayer publicaron un profundo estudio sobre la inteligencia emocional, pero solo en 1995 Daniel Goleman popularizó el término con su libro titulado precisamente Inteligencia Emocional: ¿por qué es más importante que el coeficiente intelectual?. 

Goleman distingue que la inteligencia posee dos tipos de coeficiente: el intelectual y emocional. En este sentido, el autor deduce que  la inteligencia emocional es “la capacidad de identificar, acceder y controlar nuestras emociones, comprender las de los demás y las del grupo que nos rodea”.

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La forma en que se mide la efectividad de la inteligencia es mediante el coeficiente emocional, que evalúa la capacidad para explotar nuestras aptitudes personales como la empatía, la confianza y la motivación, así como ciertas competencias sociales para comunicarnos y relacionarnos con los demás.

El estudio de Goleman es un referente importante, sin embargo, no debemos olvidar que se concentraba en la inteligencia emocional en la vida adulta y no en la infancia. Afortunadamente, la pedagogía de la época observó que no era en la mayoría de edad sino en la infancia donde la inteligencia emocional tenía mayores repercusiones.

¿Cómo definir la inteligencia emocional en los niños?

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La inteligencia emocional en niños de todas las edades se convirtió en el centro de atención para mejorar los entornos educativos y familiares, dándole un giro radical a la manera en que los más pequeños perciben el aprendizaje, ya que se demostró que este proceso se encuentra vinculado directamente con la forma en que proyectan sus emociones.

En el libro La inteligencia Emocional de los niños, Will Glennon (1997) define la educación emocional como ese proceso en que el menor aprende a identificar sus emociones y utilizarlas a su favor. Es decir, que encuentra en sus emociones un apoyo para comunicarse y relacionarse efectivamente con las personas que le rodean.

No olvidemos que, a diferencia de los adultos, los niños poseen una mayor plasticidad cerebral, por lo que su capacidad de absorción de conocimientos no solo es mayor, sino de mejor permanencia, ya que están en una etapa donde todo aquello que aprenden es mucho más significativo en sus vidas, lo que puede repercutir tanto en el desarrollo cognitivo como afectivo y social.

De esta manera se fue gestando un concepto de inteligencia emocional para niños que se alejaba del concepto de Goleman y se enfocaba en las necesidades de desarrollo a temprana edad. Entre estas necesidades se destacan: 

  • Que el menor tome conciencia de su identidad: su “Yo” se desarrolla al tiempo que aprende a interactuar con la identidad de sus semejantes.

  • Ayudarlo a identificarse como individuo: el niño comienza reflexionar sobre lo que siente, piensa, desea y hace, de tal manera que va reconociendo también la magnitud de sus decisiones y capacidades.

  • Impulsarlo a agudizar su capacidad de pensamiento crítico: entre los 5 y 10 años se vuelve más asertivo para detectar las emociones de los demás y se arriesga a emitir juicios de valor y definir situaciones en términos éticos y morales.

  • Orientarlo para definir emociones básicas y complejas: el niño descubre que existen  otras emociones más elaboradas que también pueden ser expresadas y definidas verbalmente. Al mejorar sus definiciones se da cuenta de que además de feliz o triste también puede sentirse celoso, avergonzado o confiado. 

Para Glennon la inteligencia emocional es esencial en los niños porque está directamente relacionada con la felicidad emocional, que es consecuencia del correcto desarrollo de la primera.

Entender las emociones es una forma de autoconocimiento, y “el autoconocimiento lleva al conocimiento de los demás [mientras que] el autorrespeto lleva al respeto por los demás”.

Bajo este concepto, podemos deducir que ser inteligente emocionalmente es una de las necesidades propias del ser humano para crecer y desarrollarse con éxito en la sociedad.

¿Por qué es tan importante la inteligencia emocional para los niños?

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Los niños que poseen una inteligencia emocional desarrollada suelen tener mayor  confianza en sus capacidades, lo que les permite tomar mejores decisiones y mantener relaciones más sanas con los demás.

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Una educación emocional adecuada le permite al menor aprender a ser asertivo, es decir, a comunicarse de tal manera que pueda expresar sus emociones, tomando en cuenta los sentimientos y las emociones de los demás. Así, el niño aprende a reflejar no solo interés o cariño por las personas que le rodean, sino que además, desarrolla otras formas de conducta que se vuelven parte de una personalidad exitosa. Estas formas de conducta son:

  • Alta autoestima y respeto por los otros
  • Tendencia a la motivación y el autoconocimiento
  • Resiliencia ante eventos conflictivos
  • Mayor capacidad para tomar decisiones propias
  • Menor propensión al estrés y la depresión
  • Disposición al liderazgo

La inteligencia emocional nos permite desarrollar habilidades específicas para reconocer el estado de nuestras emociones y aprender a gestionarlas en relación con nuestro entorno y con los demás.

¿Cómo puedo gestionar la inteligencia emocional en mi escuela?

Aunque se ha popularizado trabajar con las emociones de los niños en el aula, no siempre se tiene claro cuáles son las metodologías adecuadas o el objetivo que queremos lograr.

Primero, debemos comprender que, a diferencia de los adultos, los niños actúan todo el tiempo impulsados por sus emociones. Tener esto en cuenta nos permitirá trabajar con ellos en el aula y ayudarles a identificar, regular y actuar con asertividad en función de cómo se sienten, de manera que puedan gradualmente utilizar esas emociones a su favor.

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En este punto, cabe aclarar que el objetivo de la educación emocional no consiste solamente en mejorar la conducta o aprovechamiento de los niños, sino generar un estado de bienestar, de felicidad emocional que forme parte de su conducta habitual. Como señala Francesco Tonucci, autor de La ciudad de los niños: “Uno de los objetivos de la escuela debe ser la felicidad de sus alumnos”.

2 actividades para desarrollar la inteligencia emocional en el aula

Estas son algunas actividades que te permitirán crear escenarios didácticos para desarrollar la inteligencia emocional en los niños.

  1. Historias con emoticones

    Esta actividad le permitirá a los niños explorar no solo las emociones básicas (miedo, alegría, tristeza, enojo y asco), sino que podrán identificar otra gama de emociones más complejas y ampliar su rango de percepción y empatía cuando se enfrenten a dichas emociones en situaciones reales.

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    Para esta actividad requerirás: 

    • Conseguir o elaborar máscaras de emoticones que representen al menos diez emociones diferentes. 
    • Contar con una historia breve, pero conocida por todos (puede ser un fragmento de algún cuento clásico o la escena de una película infantil muy famosa).

    La actividad consiste en que los niños interpreten la historia o fragmento de película usando una de las máscaras. Si la emoción que representa la máscara es tristeza o alegría, ¿cómo debería ser interpretada la escena?

  2. Convirtiendo las emociones en arte

    A los niños les fascina actuar e interpretar personajes, pero también les encanta expresarse creando cosas. Esta actividad le ofrece a los niños la oportunidad de proyectar sus emociones a través del arte y la cinestesia.

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    Para esta actividad requerirás:

    • Material suficiente para pintar: colores, crayolas o pinturas que los niños puedan manipular.
    • Recortes de revistas con gran variedad de elementos: rostros, paisajes, objetos fáciles de identificar.
    • Material para modelar: plastilina, arena, foamy moldeable o arcilla no tóxica. 

    Antes de empezar, deberás escribir en varios papeles el nombre de al menos diez emociones. Cada alumno deberá sacar un papelito y guardarlo en secreto.

     

    El trabajo consistirá en expresar la emoción que está escrita en el papelito a través de cualquiera de los tres recursos expresivos: pintura, recortes o material para moldear.

     

    Dales a tus alumnos algunas ideas que les sirvan para orientarse y comenzar a expresarse. Al final, cada alumno presentará su obra de arte a los demás compañeros, quienes tendrán que adivinar qué tipo de emoción se quiso expresar.

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Como ves, existe una gran variedad de posibilidades para que los más pequeños puedan desarrollar la inteligencia emocional. Conoce otras 6 actividades para el control de las emociones en niños.


 
Referencias

Gardner, H., & ÉVerest, S. F. (2020). Estructuras de la mente. La teoría de las inteligencias múltiples (3.a ed.). Fondo de Cultura Económica.

Glennon, W. (2013). La inteligencia emocional de los niños (1a ed., 1a imp. ed.). Booket.

Goleman, D. (1996). La Inteligencia Emocional: Por Qué Es Más Importante Que El Cociente Intelectual / Emotional Intelligence. Penguin Random House.

Trujillo Flores, Mara Maricela  and  Rivas Tovar, Luis Arturo. Orígenes, evolución y modelos de inteligencia emocional. Innovar [online]. 2005, vol.15, n.25 [cited  2021-08-01], pp.9-24.

Tonucci. F. (2015). La ciudad de los niños (Graó Educación) (Spanish Edition): 310 (1.a ed.). Editorial Graó.

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