Autogestión de las emociones: ¿cuál es su objetivo?

autogestion de las emociones En el aula

Emociones y sentimientos emergen de la inteligencia generadora y ocupan el campo de consciencia. Por eso parece que nos invaden. Nos invade la furia, la tristeza, hasta la calma. ¿Cómo enseñar a nuestros alumnos la autogestión de sus emociones?


¿Qué son las emociones desde el punto de vista cerebral?

Las emociones son reacciones bioquímicas de base que nacen de una interpretación interna personal a partir de nuestras expectativas sobre lo que esperamos que suceda o no. Nos informan cuál es el estado total de nuestro organismo y, en especial, cómo se están comportando nuestros deseos y nuestras motivaciones en su choque con la realidad.

Las emociones están estrechamente relacionadas con la motivación. Los expertos nos dicen que hay unas emociones universales y básicas: el dolor, el placer, el miedo, la furia, la alegría, la tristeza, la sorpresa, el asco. Sobre ellas se construye un abanico muy variado de sentimientos que cada cultura ha modulado a su manera.

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Cada una de las emociones que genera nuestro cerebro impulsa una determinada acción para lograr algo con base en las expectativas que ya mencionamos. Si se están cumpliendo, experimento satisfacción; si no se cumplen, decepción; si pierdo el objeto de mis deseos, siento tristeza, y si la pérdida es definitiva, puedo verme invadido de desesperanza.

El miedo me advierte de la presencia de un peligro. La furia, de un obstáculo o de una agresión. Cada uno de los sentimientos impulsa una determinada acción, es decir, despierta algún tipo de deseo de segunda generación. El miedo, a huir. La ira, a atacar. La tristeza, a recluirme y llorar. La alegría, a saltar.

Como todas las funciones importantes de la inteligencia, las emociones están orientadas a la acción: o bien fortalecen la continuidad de la acción emprendida, o bien animan al cambio, alterando las prioridades.

Imaginemos una meta: llevarme bien con mis estudiantes más desafiantes. La relación va acompañada de emociones agradables (que indican: sigue así) o de emociones desagradables (que indican: hay que cambiar algo).

Emociones y sentimientos emergen de la inteligencia generadora y ocupan el campo de consciencia. Por eso parece que nos invaden. Nos invade la furia, la tristeza, hasta la calma. La inteligencia ejecutiva intenta gestionar este mundo afectivo que nos parece tan incontrolable.

La autorregulación de la emoción es un tema primordial en la primera infancia. El niño aprende a hacerlo muy pronto. Ya en el vientre materno el feto se chupa el dedo para tranquilizarse. El recién nacido lo hará también. Aprenderá a apartar la mirada de algo desagradable para amortiguar la inquietud. Los cuidadores del niño tienen un protagonismo especial para enseñarle la autorregulación.

¿Qué objetivos tiene la gestión de las emociones?

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En los cursos de Neurociencia Educativa solemos puntualizar que la buena gestión de las emociones tiene dos objetivos:

  • Educar las emociones en su origen, facilitando la adquisición de unos ESQUEMAS EMOCIONALES adecuados, que faciliten la realización de nuestras metas: la felicidad, la convivencia, los modos éticos de vivir.
    Aristóteles ya lo decía: conviene saber por qué, donde, cuándo y con qué intensidad debemos sentir una emoción.

  • Controlar la respuesta a una emoción. Una vez que la emoción ha aparecido, conviene saber cómo modular la respuesta.

¿Qué podemos hacer entonces para ayudar a un niño o a un adolescente a autogestionar sus propias emociones? Intentar cambiar esos esquemas emocionales.

¿Qué componentes intervienen en la autogestión de las emociones?

En la autogestión de las emociones intervienen distintos componentes:

  1. Estructuras neuronales.
  2. Experiencias.
  3. Deseos y proyectos.
  4. Las creencias
  5. Las creencias que tenemos acerca de nosotros mismos

¿Qué herramientas eficaces tiene el ser humano para gestionar sus emociones?

Estas serían las herramientas eficaces:

  1. Cambiar la situación desencadenante, si es posible.
  2. Dirigir la atención hacia otra cosa. Los bebés aprenden enseguida a mirar a otro sitio cuando un objeto los inquieta. Concentrarse en una actividad, o en realidad una meta, es un buen procedimiento para regular las emociones. Por eso, todas las técnicas de meditación o gestión del a atención son útiles.
  3. Reestructuración cognitiva. Se intenta cambiar el significado de la situación o las creencias que están influyendo negativamente.
  4. La acción. El ejercicio es estimulante. La acción nos permite tomar la iniciativa.
  5. La relación con otras personas.

¿Cómo se manifiesta la autogestión de las emociones en las aulas?

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Hay alumnos que muestran un estilo emocional admirable. Son niños alegres, valientes, animosos, capaces de disfrutar las cosas y de mantener relaciones sociales de amistad y colaboración. Niños capaces de comprender los sentimientos de los demás, resistentes y compasivos.

John Mayer, uno de los primeros investigadores sobre inteligencia emocional, escribe: “Son personas cuya claridad emocional impregna todas las facetas de su personalidad, personas autónomas y seguras de sus propias fronteras, personas psicológicamente sanas que tienden a tener una visión positiva de la vida, personas que cuando caen en un estado de ánimo negativo, no le dan vueltas obsesivamente y en consecuencia tardan poco en salir de ese estado”.

Goleman, en Inteligencia Emocional, dedica un capítulo a “conócete a ti mismo”, factor importante en la sabiduría emocional, y ofrece las siguientes pistas:

  1. Saber relacionar los sentimientos con creencias básicas (importancia de que los padres intenten descubrir qué emociones pasadas están influyendo en su conducta con sus hijos).
  2. Saber relacionar la acción con los sentimientos.
  3. Saber prever sentimientos perturbadores para evitarlos. Por ejemplo, la furia.
  4. Saber modular los sentimientos (autorregulación emocional).

Por el contrario, encontramos también alumnos que manifiestan una falta de control emocional exacerbada. Son incapaces de reconocer aquello que les pasa o de verbalizar las razones que los llevan a sentir apego o rechazo extremo por una persona. No controlan sus reacciones y manifiestan agresividad exagerada o rechazo.

También vemos, cada vez con más frecuencia, aquellos que muestran una falta absoluta de empatía, no son capaces de comprender cómo se sienten sus compañeros, u otros adultos, y carecen de compasión. Esto los lleva a consolidar prejuicios y estereotipos que condicionan comportamientos excluyentes o racistas. Cuando comienzan sus relaciones afectivas en la adolescencia, parecen un volcán desatado que muchas veces los asusta a ellos mismo.

En el aula, algunos responden a los patrones de disciplina, pero son incapaces de autocontrolarse de forma autónoma y eso hace que los maestros tengamos que actuar casi en situación de vigilancia continua.

Está muy claro cuál es el ideal de toda docente: llegar a tener un grupo de estudiantes con emociones bien gestionadas para poder dedicar el tiempo en sala a experiencias de aprendizaje ricas en desafíos y oportunidades de crecimiento emocional, cognitivo y ejecutivo.

Por eso, quiero invitarte a reflexionar y a preguntarte cuando entres a tu próxima clase: ¿qué objetivo vas a perseguir al ayudar a tus estudiantes a gestionar sus emociones?, ¿cuál de los componentes que ya conocimos vas a usar para apalancar esa gestión?, ¿qué herramienta tienes más a mano para lograrlo?

 

<strong>joaquin-triandafilide</strong>
Dr (c) Joaquín Triandafilide | @comunidadneuroeducas

Neuroeducador. Especialista en Metodologías Emergentes. Director del Programa Vivir con Sentido – Convivencia y Adolescencia.

Bibliografía

Barkley, Russell, A. (2012). Executive Functions. The Guilford Press, New York.

Baumeister, Roy, F. y Vohs, Katheleen, D. (2004). Handbook of Self-Regulation.

The Guildford Press, New York.

Comellas, María Jesús (2001). Los hábitos de autonomía. Proceso de adquisición. Hitos evolutivos y metodología. Ceac, Barcelona. 138 pp.

Gazzaniga, Michel S. (2012). ¿Quién manda aquí?

Goleman, Daniel (2013). Focus. Desarrollar la atención para alcanzar la excelencia.

Kairós, Barcelona. 357 pp.

Marina, José Antonio (2012). La inteligencia ejecutiva. Ariel, Barcelona. 186 pp.

 

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